Los límites personales que obstaculizan tu felicidad

Valeria Sabater · 28 febrero, 2019
Entre los límites personales que vetan nuestra felicidad está nuestra inseguridad, la cual en ocasiones se relaciona con un estilo educativo autoritario.

Establecer límites personales es positivo. Nos permite marcar fronteras para salvaguardar la dignidad, y así los demás sepan dónde están nuestras barreras rojas. Ahora bien, lo que no es permisible es alzar alambradas que veten la propia felicidad. Aislarnos, por así decirlo, en esa isla donde sentirnos protegidos pondrá serios frenos a nuestro desarrollo personal. 

Tal Ben-Shahar, profesor de Harvard de psicología cognitiva y liderazgo, es a día de hoy uno de los máximos gurús en el conocimiento de la felicidad. Así, algo que nos señala muy a menudo es lo siguiente: las personas tenemos dos opciones en la vida. La primera, es ser víctimas de nuestra infelicidad culpando a los demás de cada cosa que nos sucede o que no conseguimos.

La segunda, puede resultar algo más difícil pero fructífera. Implica alzarnos como seres responsables, como agentes activos de nuestro bienestar, conociendo esos límites personales que nosotros mismos nos colocamos y que obstaculizan la felicidad, el crecimiento y el éxito.

Algo así solo puede lograrse de dos maneras: mediante el autoconocimiento y a través de una mentalidad de crecimiento. La primera nos permitirá conocernos mucho mejor para saber dónde residen nuestros agujeros negros. La segunda impulsará el cambio en el día a día.

Un modo de habilitarnos en estas estrategias es sin duda a través de adecuados cursos de desarrollo personal, como el que nos propone Ismael Cala. Un auténtico referente internacional y el mejor facilitador en estas materias.

La felicidad es una tarea que hacer, no un interrogante que buscar

–Ismael Cala–

chico pensando en sus límites personales

3 límites personales que te impiden alcanzar la felicidad

Felicidad es, por encima de todo, ausencia de miedo. Sin embargo, como bien sabemos, el ser humano está equipado con una amplia variedad de miedos que en la mayor parte de los casos nos vienen dados por razones evolutivas. El miedo nos ayuda a sobrevivir, no hay duda, pero también nos aboca a menudo a la inmovilidad, a derivar en situaciones muy debilitantes.

Hay que encontrar un equilibrio. Un adecuado punto intermedio donde no correr riesgos innecesarios pero donde promover a su vez, el progreso. Asimismo, también debemos asumir que nadie es inmune al miedo, está dimensión nos acompañará siempre y no habrá día en que no debamos medirnos cara a cara ante él. Veamos por tanto cuáles son esos límites personales que obstaculizan la felicidad.

1. La inseguridad

La inseguridad es ese bache cotidiano que nos susurra aquello de “vas a fallar, no lo hagas porque meterás la pata, no te atrevas porque vas a fracasar de nuevo y te pondrás en evidencia”. Ahora bien, pero ¿de dónde vienen esos miedos?

  • Nuestra educación, un hogar marcado por estilos autoritarios.
  • Malas experiencias y fracasos que no hemos podido superar.
  • Baja autoestima.

Para superar la inseguridad estamos obligados a detectar esos detonantes y trabajarlos en el día a día.

2. No reaccionar ante un entorno negativo y tóxico

Antes de nada conviene aclarar un aspecto: no existen las personas tóxicas, pero sí los comportamientos tóxicos. ¿Qué significa esto? Básicamente, que hay figuras a nuestro alrededor expertas en lo siguiente:

  • Nos quitan el ánimo con su negatividad.
  • Nos convencen de que nuestras necesidades no son importantes.
  • Son perfiles que no desean que los superemos en algún aspecto, de ahí que tiendan a infravalorar nuestras valías.
  • Son críticas, hacen uso de la mentira y la manipulación.

Debemos tenerlo claro, convivir en un entorno negativo (ya sea laboral o familiar) construye esos límites personales que no solo vetan la felicidad, sino que nos quitan también la salud.

3. Priorizar las necesidades de los demás

A menudo muchos de nosotros caemos en esa dinámica tan recurrente: priorizar necesidades ajenas. Es más común de lo que pensamos, tanto que es posiblemente una de las causas principales por las que no alcanzamos nuestros sueños. Así, hay quien casi sin darse cuenta termina por hacer lo posible por satisfacer los objetivos de la pareja.

Hay quien deja a un lado su desarrollo personal y profesional por los hijos. También puede suceder que nos centremos en cumplir los objetivos familiares en lugar de seguir las propias pasiones y metas. Todo ello puede ser justificable en ocasiones (sobre todo cuando hablamos de los hijos), sin embargo, hay que buscar un equilibrio.

mujer intentando superar sus límites personales

Los límites personales que vetan la felicidad son también esos que nosotros mismos construimos al preocuparnos, en exclusiva, por la felicidad ajena. Seguir este enfoque nos despoja de cualquier sueño, y hará que en algún momento llegue el demonio de la frustración. 

Debemos entender un aspecto. La persona que trabaja por su desarrollo personal, que se preocupa por atender sus necesidades y por cumplir sus objetivos es una persona feliz. Así, alguien que se siente bien consigo mismo es alguien que enriquece con su presencia a los demás.

Para concluir, no dudemos en reflexionar acerca de estas tres dimensiones. Como bien dice Ismael Cala, aspirar a la felicidad no es un interrogante por resolver, es una actividad en la que invertir esfuerzos cada día. Demos el paso y generemos cambios iniciándonos en valiosos cursos como el que él mismo nos propone.