El control de la respiración al nadar

27 enero, 2021
Este artículo fue redactado y avalado por Fernando Clementin
Un nadador puede tener la mejor técnica y ser el más potente, pero si no controla adecuadamente su respiración, difícilmente obtendrá los resultados deseados. A continuación, desarrollamos las nociones básicas de esta cuestión tan importante.

La técnica es fundamental en todos los deportes, e incluso en cualquier actividad física que realicemos. Sin embargo, en una disciplina como la natación, optimizar los recursos y minimizar los esfuerzos es primordial; por eso, justamente, la respiración se vuelve un aspecto clave que sí o sí necesitamos trabajar.

Respirar de manera adecuada es esencial en todo ejercicio físico, sea de tipo aeróbico o anaeróbico. Ahora bien, por más natural que parezca, no siempre resulta sencillo aprender a hacerlo de forma correcta, sobre todo cuando debemos concentrarnos en otros movimientos y aspectos externos.

Es por eso que, durante las clases de natación, la respiración ocupa un lugar más que importante. Es necesario hacer hincapié en su ejecución correcta, a la vez que se potencie la oxigenación de los músculos y del cuerpo en general, perdiendo la menor cantidad de tiempo e impulso posible.

La respiración en la natación: conceptos básicos

El metabolismo es el proceso básico por el cual el organismo funciona y nos permite, entre otras cosas, obtener energía para movernos. Para llevarlo a cabo, el cuerpo necesita oxígeno, que obtenemos a partir de la respiración.

Los pulmones se llenan desde abajo hacia arriba, en un proceso de tres fases que comienza por el abdomen, sigue por la caja torácica y finaliza con la elevación de las clavículas, ya cuando la parte superior de los pulmones se llena.

Como puede notarse, este procedimiento se repite muchas veces a lo largo de una carrera de natación. Por lo tanto, merece un entrenamiento similar al de los demás aspectos que configuran la técnica en cada uno de los estilos de natación.

Uno de los errores que cometemos al nadar tiene que ver con la longitud de la brazada.

Asimismo, también podemos aprender a dominar la respiración fuera del agua. Para ello, podemos recurrir a ejercicios específicos, o bien a disciplinas como el yoga, que propician espacios para meditar.

Los estilos de natación y la respiración en cada uno de ellos

Desde luego, cada estilo de natación permite aprovechar un momento para respirar. De este modo, los deportistas pueden transitar largas distancias sin parar, y regulando además el gasto energético y aeróbico en cada etapa. A continuación, evaluaremos la respiración en cada uno de estos estilos:

Crol o estilo libre

Este estilo, el primero que se domina cuando se empieza a nadar, nos ofrece la posibilidad de sacar la cabeza para respirar cada vez que rotamos el cuerpo al bracear. Este proceso demanda una coordinación que, por lo general, se aprende rápidamente, ya que consiste en un movimiento bastante natural.

La cabeza sale del agua al tiempo que el brazo de ese mismo lado se encuentra completando el barrido hacia atrás. Los entrenadores suelen recomendar que la boca permanezca lo más cercana posible al agua, para minimizar así los esfuerzos al realizar este movimiento; la frecuencia dependerá de la resistencia del nadador.

Estilo espalda

La particularidad de este estilo es que la cabeza del deportista se encuentra siempre mirando hacia arriba. Por lo tanto, no tendrá limitaciones ni necesitará movimiento alguno para respirar.

No obstante, sí que se recomienda establecer un ritmo fijo de respiración. Puede ser, por ejemplo, inhalar en el recobro de un brazo y expirar en el recobro del otro.

Nadar con el estilo a espalda permite que la respiración se realice más fácilmente.

Estilo mariposa

En este estilo, uno de los más complejos que podemos hallar en este deporte, el control de la respiración se vuelve más complicado. Hay dos factores que inciden en esto: en primer lugar, la exigencia de los movimientos es mayor, por lo que el agotamiento se produce más rápido.

Además, al realizar movimientos menos naturales, es más difícil encontrar el momento exacto para la respiración. No obstante, esto es algo que se supera con entrenamiento.

Lo ideal es elevar la cabeza y tomar aire en el momento en el que los brazos se encuentran barriendo hacia atrás y algo elevados. Luego, al volver a sumergir el rostro (que apenas debe sobrepasar la superficie), se expulsa el aire para reiniciar el proceso.

Por lo general, para optimizar el aprovechamiento del aire, se aconseja respirar cada dos ciclos de brazadas. No obstante, esto siempre dependerá del nadador y de la prueba que esté llevando a cabo.

Estilo braza

Similar a lo que se describió al hablar del estilo mariposa, en el estilo braza o pecho el aire se inhala al sacar la cabeza del agua; esto se hace aprovechando el movimiento de los brazos hacia atrás y la propulsión del cuerpo hacia adelante. Luego, en el recobro, se exhala debajo del agua.

El estilo braza es también uno de los más exigentes de esta disciplina.
Imagen: Facebook Mireia Belmonte (Fanpage).

La respiración en la natación es esencial por diversos motivos: mejora el rendimiento, conserva la lucidez mental, previene tensiones musculares y, por supuesto, evita que nos fatiguemos antes de tiempo.

Por todo esto, poner énfasis en este proceso en los entrenamientos es más que necesario. Tanto la postura del cuerpo como la potencia de las brazadas y patadas pueden significar la diferencia entre una actuación exitosa y una frustrante a nivel competitivo.