La importancia de la relajación para tocar la guitarra

La importancia de la relajación para tocar la guitarra

Cuando aprendemos a tocar un instrumento como la guitarra, muchas veces buscamos un poco de relajación y desconectar de una realidad que a veces es estresante. Sin embargo, a menudo las ganas de tocar bien se convierten en una excesiva tensión que provoca que nos alejemos de ese ideal.

Por otra parte, tocar relajados no solo nos proporciona una sensación muy agradable, sino que también nos ayudará a tocar mejor. En este artículo hablaremos sobre la importancia de la relajación para tocar bien.

La relajación: de lo general a lo específico

Aunque no lo parezca, tocar la guitarra implica involucrar músculos de prácticamente todo el cuerpo. Es importante, por ello, conocer cada una de las partes implicadas para poder actuar sobre ellas. A continuación, vamos a ir parte por parte, desde las más generales como pueden ser la espalda o las piernas hasta las más pequeñas, que pueden ser los dedos.

Espalda y hombros

Para evitar problemas y molestias, y ya no tanto por la relajación, la parte más importante es la espalda. Debemos procurar tener la espalda recta mientras tocamos. O, dicho de otra manera, debemos evitar inclinarnos hacia los lados, cosa por desgracia bastante habitual entre los guitarristas.

Los hombros deben estar totalmente relajados. Para ello, dejaremos los brazos totalmente relajados y, al llevarlos a la posición de tocar, debemos vigilar que los hombros no se levanten.

Piernas

Clase de guitarra

Es la parte que suele costar menos relajar, pero una manía recurrente suele ser apoyar la pierna derecha en la punta del pie. De esta forma estaremos tensando innecesariamente los músculos de la pierna y a la larga nos provocará molestias. Hay que procurar que las plantas de los pies apoyen completamente en el suelo y que los músculos de las piernas estén relajados.

Los brazos

Lógicamente, cuanto más pequeños y específicos van siendo los grupos musculares, más difícil nos resulta relajarlos. El primer ejemplo son los brazos. A menudo tiramos de ellos hacia arriba como si necesitáramos tensarlos para tocar bien, cuando la realidad es todo lo contrario.

El brazo derecho debe descansar relajadamente sobre el cuerpo de la guitarra. En el caso del izquierdo es más complicado porque tenemos que mantenerlo 'en vilo', pero debe estar cerca del cuerpo, con el codo apuntando al suelo.

Un error frecuente es levantar el codo hacia arriba, con lo que aumentamos la tensión y con ello el cansancio, aparte de que influirá negativamente en la posición de la mano.

Relajación de las manos y los dedos

Vamos llegando a las partes complicadas. Al tocar la guitarra es fundamental que las manos estén relajadas, salvo excepciones como las cejillas, que implican inevitablemente más tensión. Tener las manos relajadas no solo nos proporcionará una sensación más agradable al tocar, sino que el exceso de tensión hace que las manos se agarroten y toquemos peor.

 

Chico tocando la guitarra eléctrica

En última instancia, relajar los dedos puede parecer algo imposible, puesto que necesitamos tensarlos para tocar. Esto es así solo en parte, puesto que no todos los dedos se mueven siempre a la vez, por lo que tendremos que trabajar la independencia de los dedos.

Este es un tema más complicado, principalmente porque no estamos acostumbrados a manejar los dedos de forma independiente. Si cogemos un bolígrafo para escribir, lo hacemos con todos los dedos, igual que cuando agarramos un cubierto o cualquier otra cosa. Tenemos que acostumbrarnos, pues, a que solo los dedos que pulsan o pisan las cuerdas tienen que estar en tensión.

Por ejemplo, si estamos haciendo arpegios, solo se debe tensar en cada momento el dedo que toca, los demás deben estar relajados. A priori puede parecer complicado porque estamos hablando a lo mejor de ocho o diez pulsaciones por segundo. Sin embargo, si practicamos despacio siendo conscientes plenamente de nuestros movimientos conseguiremos nuestro objetivo.

De igual forma, si con la mano izquierda solo tengo que pisar dos cuerdas, los otros dos dedos deben estar relajados. Una forma de trabajar la independencia y la relajación de los dedos son las escalas. Cogemos una escala que tengamos bien aprendida y la tocamos despacio, tratando de tensar solo los músculos del dedo que esté actuando en cada momento.

Es un trabajo muy específico pero, sin duda, muy gratificante que nos ayudará a tocar más a gusto y a disfrutar mucho más de nuestro instrumento.