¿Qué es el pesimismo defensivo?

18 febrero, 2021
Este artículo fue redactado y avalado por la psicóloga Laura Ruiz Mitjana
El pesimismo defensivo es una estrategia cognitiva que utilizan algunas personas que se «preparan» para lo peor. ¿Cuáles son sus beneficios? ¿Sería lo contrario al optimismo?

¿Te suena el concepto de pesimismo defensivo? Se trata de un término propuesto por Norem y Cantor en los años ’80. Consiste en una estrategia cognitiva que lleva a la persona a fijar unas expectativas de futuro negativas es decir, pensar que las cosas no saldrán bien para así poder «estar preparado» para ello.

Aunque suene poco adaptativo, la realidad es que hay autores que la consideran una actitud efectiva, ya que le permite a la persona anticiparse a los posibles obstáculos y prepararse para ellos. Además, permite manejar la ansiedad que provoca la situación y utilizarla a favor nuestro.

¿Qué es el pesimismo defensivo?

Maquillaje a partir de los 50

El pesimismo defensivo es un tipo de estrategia cognitiva definida por Norem y Cantor y sus estudiantes a mediados de la década de los ’80. Las personas que emplean esta estrategia lo hacen para prepararse para eventos, actuaciones o situaciones que les provocan miedo o ansiedad.

Según Norem y Cantor (1986), el pesimismo defensivo consiste en fijar unas expectativas bajas ante futuros resultados, a pesar de tener una experiencia pasada de éxitos. Es decir que la persona establece bajas expectativas de futuro para su desempeño, o tiende a pensar que «las cosas irán mal», para así evitar decepcionarse si las cosas no salen bien.

Se trata, en realidad, de una forma de anticipación negativa a través de la cual la persona «se prepara para lo peor» para así no sufrir si justamente todo sale mal.

El manejo de la ansiedad

Según Fernández y Bermúdez (2001), las personas que emplean esta estrategia se sienten muy ansiosas y experimentan un bajo control percibido antes de emprender una tarea. Pero esta valoración pesimista de la situación no se traduce necesariamente en un bajo rendimiento, sino que el hecho de adelantarse a los malos resultados les permite confrontar la ansiedad anticipatoriamente.

De esta forma, aumentan su motivación y esfuerzo para evitar los resultados indeseados y pueden llegar a encauzar la ansiedad en unos niveles manejables que no perjudican la ejecución de su tarea. En otras palabras: el pesimismo defensivo puede llegar a ser beneficioso, como verás un poco más adelante.

Lo contrario al optimismo

Este tipo de estrategia sería lo contrario al optimismo; en este caso, una actitud que te lleva a esperar que las cosas sí saldrán bien, pero no se trata de una actitud pasiva, sino activa.

Así, la persona optimista piensa que todo irá bien y ya está, sino que manifiesta una actitud activa de cambio y de búsqueda de soluciones para que realmente las cosas salgan como ella espera (aunque luego las cosas salgan como salgan).

¿Cómo piensa alguien con pesimismo defensivo?

El síndrome del impostor

Las personas que aplican esta estrategia, en lugar de centrarse en lo que puede ir bien o en los factores que pueden resultar favorecedores a la hora de conseguir sus objetivos, se dedican a pensar sobre aquellas variables negativas específicas que podrían influir negativamente en la consecución de su objetivo.

O sea que se centran en los contratiempos, en los puntos débiles de su «plan» y en todo aquello que conducirá a una situación no deseada. Están tan pendientes de «prepararse» para lo malo que mentalmente se focalizan solamente en aquellas ideas coherentes con un final indeseado.

¿Qué ocurre? Que al imaginar posibles resultados negativos, la persona con un pesimismo defensivo acaba adoptando medidas para evitar esos resultados o para anticiparse a ellos.

“Un pesimista ve la dificultad en cada oportunidad; un optimista ve la oportunidad en cada dificultad”.

-Winston Churchill-

¿Hay algo positivo en el pesimismo defensivo?

Hay disparidad de opiniones en torno a la cuestión de si es realmente ventajoso o no ser pesimista defensivo. Mientras que algunos autores opinan que se trata de una estrategia desadaptativa, otros piensan justamente lo contrario.

Los que están a favor de sus beneficios, opinan que el pesimismo defensivo «protege» de las decepciones y, además, prepara para afrontar adecuadamente los problemas surgidos del hecho de no conseguir los objetivos.

En este sentido, como el pesimista defensivo ya se ha «preparado» para todos los posibles contratiempos que puedan tener lugar a la hora de conseguir su objetivo, ya sabe cómo actuar en caso de que aparezcan.

Un ejemplo

¿Qué tendría de positivo utilizar el pesimismo defensivo? Imagina a un orador que debe hacer una exposición en público y que aplica una actitud propia del pesimismo defensivo.

Esta persona, probablemente, se imaginará todos los posibles obstáculos que deberá afrontar a la hora de realizar su discurso: que se le olvide lo que tiene que decir, que tenga sed o no tenga agua disponible, que se manche la camisa antes del evento…

Efectos del pesimismo defensivo

¿Qué hará esta persona del ejemplo? Anticiparse a todos esos contratiempos, y por ello, realizar las conductas adecuadas para evitarlos.

Por ejemplo: crear tarjetas de notas con pistas sobre su discurso, colocar una botella de agua en el podio para cuando le entre la sed, traer un producto blanqueador para eliminar las manchas de la camisa, etc.

Así, se ha «preparado» tanto para que las cosas salgan mal que ha activado todas las estrategias necesarias para solventar posibles imprevistos.

La importancia de tomar medidas anticipatorias

Esto es solo un ejemplo, aunque se podrían pensar en muchos más. Sin embargo, los beneficios o inconvenientes de practicar el pesimismo defensivo dependerán, en gran parte, de hasta qué punto la persona toma medidas para evitar o anticiparse a las situaciones negativas, ya que no todos los pesimistas actúan igual.

Habrá otros que se dedicarán a esperar lo peor sin intentar remediar los posibles obstáculos que ya anticipan. En estos casos, se hablaría de un pesimismo poco efectivo o adaptativo.

 

  • Fernández, E. y Bermúdez, J. (2001). Pesimismo defensivo, optimismo y dificultad de la tarea: un análisis del papel de las expectativas. Rev. de Psicol. Gral y Aplic., 54(3): 371-388.
  • Norem, J.K. & Cantor, N. (1986a). Anticipatory and post hoc cushioning strategies: Optimism and defensive pessimism in “risky” situations. Cognitive Therapy and Research, 10: 347-362.
  • Norem, J. K. & Cantor, N. (1986b). Defensive pessimism: Harnessing anxiety as motivation. Journal of Personality and Social Psychology, 51: 1208–1217.