El arte de la conversación: ¿cómo conectar con las personas?

Valeria Sabater · 28 marzo, 2019
La conversación efectiva debe basarse en tres claves básicas: escucha, empatía y conexión.

Todos sabemos mantener un diálogo, pero ¿somos efectivos a la hora de llevar a cabo una conversación de calidad? Por curioso que nos parezca, la respuesta muchas veces es “no”.  No todos dominamos el arte de la inteligencia conversacional, esa con la que conectar de manera auténtica con alguien intercambiando información de manera efectiva.

Hablar es también crear impacto. No nos basta solo con “caer bien”. En ocasiones, ni siquiera es eso lo que buscamos; lo que queremos es que nuestro mensaje llegue, que seamos creíbles y que logremos establecer una conexión fluida y directa con el interlocutor. Ahora bien, algo que vemos y experimentamos con frecuencia son diálogos en los que hay alguien que no escucha y que, en ocasiones, llegan a utilizar la comunicación violenta.

Ismael Cala, uno de los mejores exponentes en el campo del desarrollo personal, nos recuerda a menudo que toda comunicación efectiva debe partir de la Inteligencia Emocional. En lo que respecta al arte de la conversación, sucede lo mismo; las personas debemos aprender a gestionar emociones, a aplicar la empatía y a utilizar de manera adecuada la asertividad.

Aprender a comunicar y mantener una conversación dice mucho de nosotros. Es nuestra puerta de entrada para conocer gente, para mejorar en nuestro trabajo e incluso para llegar a acuerdos y solucionar problemas.

Veamos por tanto cómo podemos aprender a dominar esta estrategia tan importante.

El ejercicio más fructífero y natural de nuestro espíritu es, a mi juicio, la conversación. Encuentro su práctica más dulce que cualquier otra actividad de nuestra vida

—Michel de Montaigne—

La conversación: el arte de conectar desde las emociones y el respeto

Decía Winston Churchill, con gran acierto, que una buena conversación debe agotar los temas, no a los interlocutores. Así, es común que en ocasiones demos con alguien que en lugar de conversar establezca monólogos. Otras personas, en cambio, se limitan a ser condescendientes, a reafirmar cada comentario sin llegar a enriquecer el diálogo con sus aportaciones.

Personas manteniendo una conversación.

Que esto ocurra significa que es necesario trabajar diversos aspectos de nuestro tejido psicológico. En ocasiones, la inseguridad nos hace temer dar nuestra opinión. Otras veces, carecemos de esas habilidades que nos permiten hacer uso de una empatía real con la que leer entre líneas y entender ciertas pistas del lenguaje no verbal de la otra persona.

Es por ello que en estos casos es útil tener en cuenta unos sencillos consejos que nos permitan reflexionar:

Pausa, empatía, necesidades: la estrategia PEN

Para dominar el arte de la conversación nos vendrá muy bien interiorizar la palabra PEN. Este término integra tres dimensiones clave:

  • Pausa. Es ese intervalo de tiempo que debemos dejar pasar antes de responder a una persona cuando mantenemos un diálogo. Esos segundos de silencio nos permitirán meditar mejor qué es lo que vamos a decir.
  • Empatía. Asimismo, tal y como hemos señalado con anterioridad, el ser capaces de comprender y empatizar con la realidad emocional del otro nos ayudará sin duda a cuidar mucho más la calidad del diálogo.
  • Necesidades. Durante una conversación nunca debemos dejar de lado nuestras necesidades. Queda claro que siempre respetaremos al otro, pero es necesario no quedarnos en un segundo plano, no dejar que nos avasallen o manipulen. Un diálogo debe ser dinámico; así evitaremos siempre protegernos de la comunicación violenta.

Cuida el tono

Hay personas que hablan con un tono de voz demasiado alto, molesto o irritante. Son perfiles cuya voz, sin decir nada agresivo, ya nos pone a la defensiva. La clásica frase de “no es lo que dices sino cómo lo dices” nos da una pista de ese aspecto que debemos controlar al máximo en una conversación.

Personas manteniendo una conversación.

Cuenta anécdotas propias para crear confianza

A todos nos gustan las anécdotas. Nos agrada que nos expliquen aspectos personales porque es un modo de regalar confianza. Esta es una estrategia infalible que se usa en toda conversación exitosa: contar anécdotas, relatar experiencias o hechos del pasado… Es un gran modo de romper el hielo y de ofrecer cercanía.

Escucha y demuestra curiosidad

La escucha activa es ese tendón psíquico que da vida a toda buena conversación. Percibir que nuestro interlocutor está pendiente de nosotros, que nos escucha con atención, que sabe leer en cada gesto, palabra y detalle nos genera comodidad y confianza.

Asimismo, es muy acertado que demostremos curiosidad, que planteemos preguntas sin caer en un interrogatorio o que mostremos interés auténtico por saber más cosas acerca de quien tenemos en frente.

Para concluir, algo que nos señalan los expertos en el campo de la comunicación es que nuestro gran error a la hora de comunicar es que hemos dejado de escuchar. A veces, estamos más pendientes de otras cosas: pensamientos propios, el móvil, lo que sucede alrededor… Todo ello son banderas rojas que restan calidad a la conversación.

Entrenemos estas sencillas estrategias. Ejercitemos el arte del diálogo enriquecedor, de esa comunicación empática con la que llegar al corazón del otro, dejar que las palabras fluyan y surjan los acuerdos. Un modo de profundizar mucho más en esta habilidad es mediante cursos de desarrollo personal que nos aportan grandes expertos en este campo como Ismael Cala.

Porque como decía George Bernard Shaw, conversar es más que hablar. Es un ejercicio de sabiduría que todos deberíamos dominar.