¿Cuánto tiempo tengo que practicar guitarra si quiero llegar a ser un músico profesional?

29 enero, 2019
Este artículo fue redactado y avalado por Fernando Clementin
¿Qué es mejor: pasarse el día tocando la guitarra o dedicarle solo una hora con la máxima concentración? Intentaremos develar algunas de estas dudas, que casi todos los guitarristas han tenido alguna vez.

El tiempo que cada persona necesita para practicar guitarra y volverse un experto es imposible de determinar de manera taxativa. No obstante, se trata de un tema muy abordado en el ámbito musical, además de ser una duda frecuente para quienes persiguen el sueño de ser profesionales de la música.

Desde luego, no existe una fórmula mágica que permita establecer un camino fijo para llegar a ser un músico profesional. En esto, las condiciones innatas, el talento, la formación temprana y el contexto en el que una persona se desarrolla tienen mucho que ver.

Sin embargo, sí se pueden considerar algunas recomendaciones de parte de personas que han atravesado esta situación y han contado sus experiencias. A continuación, intentaremos analizar cuánto tiempo practicar guitarra cada día para mejorar nuestros dotes como músicos y cumplir la meta de vivir de ello.

La teoría de las 10 mil horas

Existe una famosa teoría que habla de las famosas diez mil horas. Esta investigación afirma que se requiere ese tiempo para que el cerebro domine una habilidad a la perfección. Si nos basamos en esta hipótesis, necesitarías casi 10 años si practicas 3 horas cada día, sin excepción.

Quienes dirigieron este estudio encontraron en grandes profesionales de diferentes ámbitos esta cualidad en común: el requisito de las 10 mil horas se cumplía en todos ellos. Además, es algo que tiene mucho sentido cuando se trata de música, que consiste básicamente en dominar destrezas y conocimientos a base de repetición hasta aprenderlas.

Practicar guitarra: ¿Cuánto tiempo de ensayo es demasiado?

Si de algo no quedan dudas es que la calidad del tiempo de práctica es tanto o más importante que la cantidad de horas que dediquemos a este fin. Si realizamos trabajos monótonos, poco exigentes o incluso mal diagramados, no lograremos más que desmotivarnos, perder tiempo y, lo peor de todo, automatizar errores.

Por lo tanto, comparar con otros métodos, innovar y, de ser posible, contar con la tutela de un profesional sería lo ideal. De lo contrario, podríamos pasar 4 o 5 horas al día tocando sin parar y percibiendo pocos avances.

Asimismo, es fundamental conseguir una buena técnica y la base teórica adecuada. Sobre estas dos piedras angulares, podremos construir los hábitos correctos, que nos lleven a progresar con mayor rapidez.

Práctica estructurada y con objetivos claros

Para conseguir estas bases, lo que se denomina “práctica deliberada” asoma como un método fundamental. Consiste en un proceso de aprendizaje gradual, estructurado y con metas establecidas de antemano que fortalecen los buenos hábitos y destierran los erróneos.

Además, este método requiere la supervisión de un especialista. A menudo, también se opta por grabar ensayos o presentaciones en vivo para que sea el mismo músico quien detecte sus falencias.

Con este procedimiento, el aprendizaje se vuelve más dinámico, consciente y, fundamentalmente, efectivo. Partiendo de una buena formación básica —en cualquier etapa de la vida, no solo en la infancia—, puede bastar con una o dos horas diarias de ensayo para notar mejoras reales.

No obstante, todo dependerá de cada individuo y lo que dure su concentración. Para algunos, una hora de “alta intensidad” será más que suficiente; otros, quizás un poco más calmos para practicar guitarra, estirarán las sesiones un poco más.

Sin embargo, si se opta por este método tan mental y exigente, es difícil que se pueda practicar a conciencia más de dos horas. Por otro lado, si se practica de manera descontracturada y “libre“, tres o hasta cuatro horas al día marcan el límite de atención para la vasta mayoría.

¿Cuánto tiempo dedica Amós Lora a practicar guitarra?

Una de las principales “ventajas” con las que contó Amós Lora en sus inicios musicales fue nada menos que sus raíces. Tanto su padre como su madre eran músicos: Manuel Lora es profesor de música, mientras que su esposa, María Corral, ha bailado y tocado el piano “toda la vida”, según narra el propio músico.

Como vemos, era prácticamente un callejón sin salida. No obstante, el protagonista tuvo una gran cuota de participación en este proceso. En primer lugar, porque desde pequeño tuvo la perseverancia de asistir con distintos maestros, algunos de la talla de Paco de Lucía o Tomatito.

Además de eso, Amós era un niño al que difícilmente se lo veía sin su instrumento en sus ratos libres. Como él mismo cuenta: “Desde pequeño escuchaba mucha música y notaba que me gustaba mucho. Luego, desde los tres o cuatro años, mi padre me trajo una guitarra a casa”.

“Así, cuando me quise dar cuenta, pues estaba tocando dos horas diarias prácticamente”, continúa su relato. No obstante, en otras entrevistas, ha llegado a comentar que el tiempo que dedica a su pasión depende de la época; cuando está en conciertos y grabaciones, toca más seguido; no así en las épocas de parate.

En su infancia, Amós afirma que solía pasar unas dos horas al día tocando. De hecho, tuvo momentos de cuatro horas de practicar guitarra al día, lo que es un parámetro realmente elevado.

Imagen: Facebook Amós Lora.

Todos necesitamos una desconexión temporal

Por mucho que nos apasione una actividad, es cierto que a veces es necesario alejarnos por un tiempo. Esto se vuelve casi obligatorio cuando esa pasión se ha convertido en un medio de vida.

Este es el caso de Amós Lora, quien confiesa que, tras pasar semanas tocando en promedio cuatro horas diarias, necesita un tiempo de relajación. Es entonces cuando cuelga el instrumento por unos días, en los que toca “poco o directamente nada”.

Descansar es una parte muy necesaria en cualquier proceso que enfrentemos: al entrenar, aprender o tocar un instrumento, llega un momento en el que la mente y el cuerpo piden parar.

De ninguna manera podría considerarse este tiempo como un derroche. Es más bien una pausa, una necesidad personal para luego sí, volver a practicar guitarra con más impulso y todas las ansias de convertirse en un guitarrista único.