¿Cómo enseñar a nadar a tus hijos?

29 abril, 2019
Este artículo fue redactado y avalado por Fernando Clementin
¿Todavía no has enseñado a tus hijos a nadar? Te contamos por qué es una buena decisión hacerlo y de qué manera iniciar este proceso para que sea más ameno y efectivo.

La niñez es una etapa ideal para aprender nuevas habilidades, dada la plasticidad del cerebro para incorporar saberes. Asimismo, la flexibilidad del cuerpo es mucho mayor, por lo que es más fácil adoptar nuevas destrezas. En estos primeros años puedes aprovechar para enseñar a nadar a tus hijos.

Todos los padres se concentran en transmitir a sus hijos conocimientos y destrezas básicas en sus primeros años de vida. Así, los infantes aprenden poco a poco a caminar, hablar, leer y escribir. Más adelante, comienzan a practicar algún deporte, cantar, actuar, bailar o realizar cualquier otra actividad que los atraiga.

No obstante, suele pasarse por alto una habilidad elemental para los niños en el transcurso de sus vidas: la de nadar. Todos los padres deberían enseñar a nadar a sus hijos, o al menos iniciarlos en ese camino para que luego los forme un profesor. ¿A qué se debe la relevancia de la natación en el desarrollo de los niños?

Ventajas de la natación para los niños

Estos son los motivos principales por los cuales es conveniente enseñar a nadar a los niños desde una edad temprana:

  • Seguridad: es, sin dudas, el principal beneficio de esta capacidad. Lamentablemente, los accidentes en piscinas y playas ocurren; una buena medida preventiva es que los pequeños sepan moverse en el agua. Desde luego, el cuidado de los padres es, de todos modos, irreemplazable.
  • Bienestar físico y mental: la natación demanda el esfuerzo de todos los grandes grupos musculares del cuerpo. Asimismo, es un excelente método para propiciar la salud respiratoria y del organismo en general. Del mismo modo, el cerebro también se beneficia gracias a este deporte.
  • Confianza y sociabilidad: al progresar en el nado, el niño se sentirá más seguro de sí mismo; este sentimiento se extrapolará a sus otras actividades. Además, si practica natación en lugares públicos, podrá hacer nuevos amigos.

Más allá de todo esto, no podemos obviar que se trata de una habilidad que queda para toda la vida. Asimismo, al liberar endorfinas, produce una sensación de bienestar y buen humor después de su realización. ¿No son estos motivos suficientes para que comiences a considerar esta práctica deportiva?

Enseñar a nadar en la niñez hace más sencillo este proceso de aprendizaje.

¿Cómo enseñar a nadar a un niño?

Por supuesto, enseñar a nadar a un infante es mucho más difícil que lanzarlo a la piscina con un flotador y pedirle que se mueva. Existen miedos que superar (debido a que no se encuentran en un medio natural para los humanos) y habilidades que desarrollar.

Debido a esto, los profesionales sugieren y aplican la enseñanza por etapas. En el siguiente listado, haremos un breve repaso de las más importantes.

Primera etapa: adaptación

En esta fase inicial, se busca principalmente desterrar el miedo del niño al entorno acuático. Esto se logra con acciones simples, como caminar, correr y jugar en el agua. Claro está, se debe permanecer en lugares de poca profundidad, donde el infante se sienta seguro.

Posteriormente, sí se puede comenzar a hablar de las técnicas propias de la natación. También de manera lúdica, se puede conducir lentamente al niño a poner a prueba estos movimientos totalmente nuevos para él.

Segunda etapa: biomecánica de la natación

Además de desarrollarse en un medio extraño para el ser humano, la natación obliga a la persona a cambiar su orientación. Es decir, se pasa de permanecer de pie y quedar en posición horizontal.

Esto, desde luego, demanda también un reacomodamiento de la estructura cerebral del niño, que progresivamente se adaptará a este nuevo entorno. Se practica buscando la horizontalidad con el soporte de las manos en el piso, con ayuda de una colchoneta o también con el apoyo del instructor.

Lo siguiente, entonces, será ejercitar la flotabilidad. Se trata de una aptitud básica para aprender a nadar; mediante ciertos ejercicios específicos, el profesor puede hacer hincapié en su desarrollo, clave para pasar luego a las técnicas de nado más específicas.

Tercera etapa: aprendiendo a bracear y patear

Para lograr la propulsión en el agua, el cuerpo humano se basa en dos acciones elementales: la brazada y la patada. En principio, estas pueden trabajarse de manera aislada; es decir, en superficies estables (como las tablas de natación) y siempre con la supervisión del instructor.

Enseñar a nadar a los niños es un proceso que toma su tiempo.

Posteriormente, a medida que se progresa en el dominio de la técnica, es posible ejercitarse en el agua e intentar avanzar. Para una última instancia, y ya habiendo pulido todos los movimientos anteriores, llega el momento de aprender las técnicas de respiración. Es la fase final del proceso de enseñar a nadar a los niños.

Desde el primer día hasta el último, los infantes aprenden a desenvolverse en un medio totalmente extraño para ellos, en el que incluso rigen otras reglas físicas, como la flotabilidad y la propulsión. Por todo esto, queda claro que tomará su tiempo y que hay que ser pacientes.

Como recomendación final, podemos afirmar que, al enseñar a nadar a un pequeño, nunca se debe dejar de lado el aspecto lúdico y colectivo de esta actividad. Esta será, al fin y al cabo, la estrategia más efectiva para conseguir el entusiasmo, la motivación y el compromiso de los aprendices.