¿Cómo afrontar tus clases de guitarra?

Paco Magar · 11 junio, 2019
Para tomar clases de guitarra, es preciso contar con la motivación adecuada. En la práctica, todo dependerá de cada persona, sus preferencias y necesidades.

La guitarra es un instrumento musical que, de alguna manera, está al alcance de todos. Muchas personas deciden en algún momento de su vida aprender a tocarla. A continuación, analizamos sus ventajas y beneficios.

Este instrumento permite aprender una forma de comunicación diferente. La música, como sabemos, es un idioma universal. Tomar la decisión de ir a clases de guitarra es un camino con muchos beneficios.

¿Por qué y para qué aprender a tocar la guitarra?

Los motivos para aprender a tocar la guitarra forman parte de una respuesta que siempre será íntima y personal. La guitarra, como cualquier instrumento musical, demanda mucha disciplina, por lo que la decisión de aprender debe ser muy firme.

La pregunta de ‘para qué’ se orienta al objetivo, a la inversión y al esfuerzo que se piensa realizar. Evidentemente, esto depende de cada persona, su relación previa con la música y la finalidad para la que quiera aprender a tocar la guitarra.

Así, se puede pretender dar clases de guitarra para aprender unas nociones básicas, o bien perfeccionar un estilo y llegar a tener un manejo profesional.

Profesor de guitarra enseñando a tocar la guitarra.

En cualquier caso, conviene recordar que aprender a tocar la guitarra es un largo proceso en el que se debe crecer en técnicas y también en intereses. Para ello, hay que evaluar constantemente nuestros objetivos y marcarnos, poco a poco, pequeños retos.

Clases de guitarra para aficionados o profesionales

Evidentemente, nuestro nivel condicionará las clases de guitarra que tendremos que seguir. Las expectativas y necesidades varían dependiendo de si somos principiantes o ya tenemos un manejo profesional.

Según cada caso y nuestra disponibilidad de recursos y medios, podremos evaluar las diferentes opciones: desde Escuelas Profesionales de Música o Conservatorios, pasando por academias y profesores particulares hasta tutoriales disponibles en Internet.

Definido lo anterior, lo más efectivo es establecer metas acordes a lo que se espera aprender. Para ello, resulta fundamental el apoyo de un tutor o profesor de guitarra que nos guíe en este proceso.

Afrontar el reto día a día

Lo primero de todo es reconocer que los resultados se basan en el esfuerzo, la dedicación y la perseverancia. El proceso de aprendizaje implica un tiempo y un ritmo que pueden requerir muchas horas llenas de altibajos emocionales.

Por lo general, el camino no tiene un final, sino cambios de metas que reflejarán habilidades adquiridas. Al alcanzar un nivel de ejecución, los verdaderos apasionados querrán seguir perfeccionando la técnica y alcanzar nuevos peldaños.

La mirada hacia atrás y la valoración de lo aprendido permite enfrentarse mejor a los desafíos futuros. Hay que entender que para correr antes se tuvo que gatear y caminar; de esta forma, una caída es solo una posibilidad para seguir aprendiendo.

Aprendiendo la teoría musical.

Descubriendo cómo hacer valer las clases

Un estudiante organizado y motivado no aparece de la nada, es fruto de una búsqueda intencionada. Y en la música, como en los deportes, el talento por sí solo no es garantía de éxito. Por eso es recomendable marcarse metas realistas e ir anotando los progresos semana a semana. De esta manera será más sencillo corregir nuestros errores frecuentes y saber a qué debemos dedicar más tiempo.

Así mismo, es recomendable no quedarse con dudas y preguntar siempre que queramos saber algo. Esto es una enseñanza de vida que no solo aplica para las clases de guitarra. Comunicarse es vital para estimular la retroalimentación constante.

Por último, es aconsejable trabajar la autoconfianza para limitar los pensamientos negativos que muchas veces frenan nuestra capacidad de mejorar. Esto favorecerá una actitud positiva y receptiva y la capacidad de concentración. Así mismo, también debemos fomentar la autocrítica sin caer en el menosprecio, después de todo, la música, como toda manifestación artística, es equilibrio.